La semana del 15 al 21 de agosto tuvo lugar en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud. El equipo de catequistas de confirmación del colegio, emocionados ante la magnitud del evento, decidimos ser testimonio vivo ofreciendo nuestra labor como voluntarios.
Nuestro grupo de diez voluntarios se unió a los más de 20.000 venidos de todos los países con un mismo objetivo, ser fiel al mensaje de Cristo: “El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (Mt 20, 20-28).
A lo largo de la semana disfrutamos de la variada oferta cultural de las jornadas, durante las cuales asistimos a exposiciones, musicales, conciertos, sesiones de cine, museos, catequesis con los Obispos,… acercándonos poco a poco a la fecha señalada para la llegada de su Santidad, el Papa Benedicto XVI.
Alrededor del mediodía del jueves, Benedicto XVI aterrizaba en el aeropuerto de Barajas. Minutos después entraba en la capital, donde miles de jóvenes esperábamos ese primer encuentro a gritos de: “Esta es la juventud del Papa”. Y por fin, por la tarde, tuvo lugar la bienvenida oficial en la Puerta de Alcalá. En su primer discurso, el Papa nos pedía escuchar de verdad las palabras del Señor y edificar nuestra vida sobre la roca firme de Cristo.
El viernes por la mañana, su Santidad acudió al Escorial donde tuvo un encuentro con jóvenes profesores universitarios. Mientras dicho encuentro tenía lugar, miles de jóvenes se congregaban y tomaban posiciones entre la plaza de Colón y Cibeles de Madrid, para el viacrucis de la noche. Otros 18 jóvenes del colegio viajaban este día desde Valencia para la cita con el Papa. Éste les decía a los jóvenes que no pasasen de largo ante el sufrimiento humano. Y, después, España entera quiso agasajar al Papa y todos los peregrinos con una de sus mayores riquezas, una procesión con los pasos de Semana Santa más bellos de la península. Nuestro grupo en concreto tuvo como tarea acompañar los pasos durante la noche, permitiéndonos disfrutar en primera fila no sólo de la belleza de las figuras sino, sobre todo, de la fe y abnegación de los cofrades en una muy calurosa noche de Madrid.
El sábado de mañana el P. General de los agustinos, Robert Prevost, presidió la misa con los jóvenes agustinianos que tuvo lugar en Móstoles, donde se congregaron unos 700 u 800 jóvenes de muchos países con presencia de los agustinos y agustinas, y que habían venido a participar de la JMJ. Fue una celebración muy festiva y al mismo tiempo muy profunda. El P. General utilizó la imagen de las banderas de los distintos países presentes para afirmar el carisma agustiniano que sabe integrar la diversidad al servicio de la unidad. Los voluntarios acudimos ya de mañana al aeródromo de Cuatro Vientos. Había que dejar todo preparado para que durante el día los peregrinos fueran ocupando sus lugares para la Vigilia y la Misa del domingo. Las siguientes 24 horas se convirtieron en una auténtica prueba de fe y resistencia para todos, pero muy especialmente para los voluntarios. Unido a las inclemencias climáticas, la respuesta masiva de peregrinos que colapsó el aeródromo supusieron horas críticas en las que todos intentamos dar lo mejor de nosotros mismos para el buen desarrollo de la jornada. Ésta finalizó con una espectacular Vigilia en la que los jóvenes quedamos impasibles ante el viento, la lluvia y la tormenta.
Al día siguiente, Cuatro Vientos despertó para la Eucaristía de despedida. El Papa en su homilía les dejó un mensaje claro de comunión con la Iglesia: “No se puede seguir a Jesús en solitario. No se puede separar a Cristo y a la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo. Y no se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás.”
Para los voluntarios la recompensa superó con creces el esfuerzo, por el encuentro con el Papa antes de subir al avión que le llevaba a Roma. El Papa nos dio las gracias por nuestra labor convencido de que ella aportaría valores cristianos a nuestra vida, pero sobre todo nos dejó un mensaje sincero en el que nos pedía expresamente que nuestra vida fuera un fiel testimonio de Jesús, para que fuéramos capaces de discernir nuestras vocaciones y llevarlas a cabo a la luz del mensaje del Señor.
Las experiencias, los sentimientos, la fe, las lágrimas de emoción, los ojos de ilusión, la alegría de los jóvenes,… imposibles de expresar con palabras y resumir, que se han impregnado en nuestros corazones, son el mejor testimonio de la Iglesia joven y viva. Confiamos y rezamos para que esta semilla de la Jornada Mundial de la Juventud germine no sólo en los corazones de los que fuimos testigos directos sino de los que la vivan a través de nosotros, y dé abundante fruto.
Por último es necesario dar las gracias a todos los que han hecho posible tal evento, ya sea por su labor en la organización, o en un plano más discreto, por los que día a día trabajan con los jóvenes y nos animan a estar cerca de Cristo. En la ceremonia de despedida se nombró a casi todos ellos: el Papa, el comité organizador, la diócesis de Madrid, nuestras familias… A mí, simplemente me gustaría añadir a las congregaciones que consagran su vida en la educación en los colegios, como nuestros queridos Agustinos, que nos han ayudado a tantos jóvenes a entender el verdadero significado de la palabra Iglesia, en la que tanto laicos como religiosos tienen tanto que decir y hacer.
NUESTROS VOLUNTARIOS EN LA JMJ |
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